sábado, 22 de outubro de 2011

sexta-feira, 21 de outubro de 2011

DESPUÉS DE JESÚS...(Fonte Viva)



“Y, cuando lo iban llevando, tomaron a un cierto Simón, cirineo, que venia del campo, y le pusieron la cruz a cuestas, para que la llevase después, Jesús.” – (LUCAS, 23:26.)
La multitud que rodeaba al Maestro, en el día supremo, era enorme.
Se hallaban allí los gozadores impenitentes del mundo, los campeones de la usura, los ridícularizan, los ignorantes, los espíritus débiles que reconocían la superioridad del Cristo y temían anunciar las propias convicciones, los amigos vacilantes del Evangelio, los testimonios acobardados, los beneficiados por el Divino Medico, que se ocultaban, medrosos, con recelo en el sacrificio…
Más un extranjero, instado por el pueblo, aceptó el madero aunque constreñidamente, y siguió cargándolo después Jesús.
La lección, entre tanto, seria legada a los siglos del futuro…
El mundo aun es una Jerusalén enorme, congregando criaturas de los más variados matices, más si te aproximas al Evangelio, con sinceridad y fervor, colócate la cruz sobre el corazón.
De ahí en adelante, serás compelido a los mayores demostraciones de renuncia, raros te observaran el cansancio y la angustia y, no obstante tu condición de servidor, con los mismos problemas de los otros, exígete el espectáculo de humildad y resistencia, heroísmo y lealtad al bien.
Sufre y trabaja, con los ojos volcados para la Divina Luz.
De lo Alto descenderán para tu espíritu los torrentes invisibles de las fuentes celestes, y vencerás valerosamente.
Por cuanto, la cruz aun es señal de los aprendices fieles.
Si no tienes contigo las marcas el testimonio por la responsabilidad, por el trabajo, por el sacrificio o por el mejoramiento intimo, es posible que ames profundamente al Maestro, más es casi cierto que aun no te colocaste, junto a el, en la jornada redentora.
Avancemos, pues con nuestra cruz y sigámosla sin temor, buscando la victoria del amor y la resurrección eterna.

sexta-feira, 20 de junho de 2008

sexta-feira, 13 de junho de 2008

Misericordia siempre.....

Cuéntase que Jesús, después de haber lanzado la parábola del Buen Samaritano, entraron los apóstoles en el examen de la conducta de los personajes de la na­rrativa.
Y porque lanzaron fulminantes reprobaciones en torno a algunos de ellos el Cristo prosiguió con la enseñanza más allá del contacto público:
— “En verdad, — acentuó el Maes­tro, — refiriéndonos al prójimo, ante las indagaciones del doctor de la Ley, frente el pueblo, la enseñanza de la misericordia tiene raíces profundas.
Quien pasase irradiando amor en el camino, donde el viajero generoso dió testimonio de solidaridad, encontraría más amplios motivos para comprender y auxiliar.
Más allá del hombre herido y arroja­do al polvo, claramente necesitado de so­corro, tendría cuidado de apiadarse del sacerdote y del levita, sumergidos en la obsesión del egoísmo y carentes de compasión; simpatizaría con el hotelero, dirigiéndole pensamientos de bondad que lo sustentasen en el ejercicio de la pro­fesión; compadecería a los malhechores, orando por ellos, a fin de que se rehicie­ran, delante de las leyes de la vida, y, tanto cuanto fuera posible, ampararía a la víctima de los ladrones, extendiendo igualmente manos actuantes y amigas al samari­tano de la caridad, para que no les esmorecieran las energías en las tareas del bien”.
Y, delante de los compañeros sor­prendidos, el Maestro concluyó:
— “Para Dios, todos somos hijos benditos y eternos, pero mientras la mise­ricordia no se nos fije en los dominios del corazón, en verdadero habremos alcanzado el camino de la paz y el reino del amor”.

sábado, 7 de junho de 2008

Tus Dificulddes.....Emmanuel

Imagina como sería difícil de sopor­tar un colegio en que los alumnos tan sólo supiesen llorar a la hora de la enseñanza. Nos reportamos a la imagen para consi­derar que, siendo la Tierra nuestra escuela multi-milenaria, urge recibirle las dificul­tades por lecciones, aceptándole la utili­dad y el objetivo.
Delante de los obstáculos, nadie necesita fijarse en el lado oscuro que pre­senten.
Un náufrago, hambriento de estabilidad, al sabor de las alas, no se recor­dará de examinar el lodo en el fondo de las aguas, pera reflexionará sobre el mejor media de alcanzar la tierra firme.
Todo minuto de queja es minuto perdido, arruinando potencialidades pre­ciosas para la solución de los problemas, sobre los cuales estemos echando lamen­taciones.
Toda prueba, sea cual fuere, apare­ce en el camino, a fin de ampliamos la fuerza y perfeccionarnos la experiencia.
En síntesis, casi toda dificultad im­plica sufrimiento, y todo sufrimiento, no­tadamente aquél que no provocamos, redunda en renovación y auxilio para no­sotros mismos, recordando la tiniebla nocturna, en cuyo ápice comienza la alborada nueva.
Sepamos afrontar los impedimentos de la vida, sin recelarlos. Cada uno de ellos es portador de mensaje determinado. Ese es un desafío a que acumules paciencia, aquél otro te impulsa a la sublimación de la capacidad de amar en el crisol de la prueba.
Aprendamos, sobre todo, a desci­frar los enigmas de la existencia, en el taller del Bien Eterno.
Sirve y comprende.
Sirve y soporta.
Sirve y construye.
Sirve y beneficia.
Tus dificultades — tus bendiciones. En ellas y por ellas, encontrarás el estímu­lo necesario para que no te precipites en los despeñaderos del orgullo, y no te en­carceles en las trampas del marasmo, pro­siguiendo, paso a paso, grado a grado, en tu jornada de perfeccionamiento y as­censión.


quarta-feira, 28 de maio de 2008

Lo que importa...

No importa:
- que el ventarrón de la incompren­sión nos azote el camino;
- que la ignorancia nos apedree;
- que la injuria nos señale al des­crédito;
- que la maledicencia nos reciba a chorros de iodo;
- que la intriga nos envuelva en som­bra;
- que la persecución nos golpee;
- que la crítica arme inquisiciones para condenamos;
- que los obstáculos se multipliquen, complicándonos la jornada;
- que los cambios de otros nos rele­guen al abandono;
- o que las tinieblas conspiren ince­santemente, en el objetivo de perdernos.
Importa nos abriguemos en la pa­ciencia; que nos apliquemos a la disculpa incondicional; que nos resguardemos en la humildad, observando que sólo tenemos y conseguimos aquello que la Divina Providencia nos preste o nos permita reali­zar; que nos corresponde responder al mal con el bien, sean como sean las circunstancias; y que debemos aceptar la verdad de que cada corazón permanece en el lugar en que se coloca y que, por eso mismo, debemos, por encima de todo, conservar la conciencia tranquila, trabajar siempre y bendecir a todos, procu­rando reconocer que todos somos de Dios, y todos estamos en Dios, cuyas leyes nos juzgarán a todos mañana y siempre, según nuestras propias obras.

Vida y Muerte...

La vida es luz, donación, alegría y movimiento.
La muerte es sombra, egoísmo, desaliento e inercia.
Analiza las fuerzas vivas que te ro­dean y observarás la naturaleza deshacerse en cánticos de trabajo y amor, ase­gurándote el bienestar.
Es el árbol creciendo en la produc­ción intensiva, el manantial en actividad constante para garantizarte la existencia, la atmósfera rehaciendo sin cesar los elementos con que te preserva la salud y el equilibrio.
Pero no lejos de ti puedes ver igual­mente a la muerte en el pozo estancado en que las aguas se corrompen, en la azada inútil que la herrumbre devora, en el fruto desaprovechado que la corrupción daña ...
Depende de ti despertar y vivir, valorizando el tiempo que el Señor te confiere, extendiendo el don de ayudar y aprender, amar y servir.
Muchos nacen y renacen en el cuerpo físico, transitando de la infancia hacia la vejez y del sepulcro a la cuna, a la manera de almas endurecidas en el egoísmo y en la rebelión, en la ociosidad o en la delincuencia, a la que irreflexiva­mente se acogen.
Absorben los recursos de la Tierra sin retribución, reciben sin dar, exigen el concurso ajeno sin ningún impulso de cooperación en favor de los demás y absorben las fuerzas que encuentran, como vorágine que todo lo consume sin ningún provecho para el mundo que los acoge.
Semejantes compañeros son real­mente los muertos dignos de socorro y de piedad, porque a distancia de la luz que les corresponde inflamar en sí mis­mos, prefieren sumergirse en la inutili­dad, acomodándose con las tinieblas.
Recuérdate de los talentos con que Dios te ennoblece el sentimiento y el ra­ciocinio, el cerebro y el corazón y, hacien­do verter la gloria del bien, a través de tu verbo y de tus manos, despierta y vive, para que, de las experiencias fragmenta­rias del aprendizaje humano, puedas, un día, alzar vuelo firme en dirección de la Vida Eterna.

Nunca viva sin Esperanza...

Nunca pierdas la esperanza.
Si el llanto te inunda la existencia, recurre a Dios, en el ejercicio del bien, y hallarás a Dios en las entrañas de tu propia alma, propiciándote consuelo.
Si sufres incomprensión, ayuda aun y siempre a los que no te entienden y encontrarás a Dios, en lo íntimo de tu propio espíritu, fortaleciéndote con el bálsamo de la piedad por los que se dese­quilibran en la sombra.
Si te menosprecian o te injurian, guárdate en silencio en el auxilio al pró­jimo, y sorprenderás a Díos, en lo íntimo de tus más íntimos pensamientos, presti­giándote las intenciones.
Si te golpean o censuran, cállate, edificando la felicidad de los que te rodean, y Dios hablará por ti, en la voz inarticulada del tiempo.
Y, si erraste, no caigas en desespero, pero, trabajando y sirviendo, recibirás de Dios la oportunidad de rectificación y de paz.
Sean cuales fueren las aflicciones y problemas que te agiten el camino, confía en Dios, amando y construyendo, perdonando y amparando siempre, porque Dios, por encima de todas las calamidades y de todas las lágrimas, te hará sobrevivir, bendiciéndote la vida y sustentándote el corazón.

Trabajo Siempre...

El trabajo será siempre el prodigio de la vida, creando comodidades y progreso, alegría y renovación.
Si la dificultad te visita, elige en él el apoyo en que te sustentes y sorprenderás inmediatamente la necesaria liberación.
Cuando la neblina de la tristeza te envuelva en melancolía, procura en él el clima en que te acojas y te observarás, bajo una nueva claridad de coraje y esperanza.
Ante la amargura que te persiga, a la vista de ofensas con las que absoluta­mente no contabas, utilízalo como reme­dio saludable y obtendrás, en poco tiem­po, la bendición de la comprensión y la tranquilidad del olvido.
Debajo de la omisión que te hiera, refúgiate en él y recuperarás sin demora el lugar que el mérito te designa.
Frente a las injurias que te maltra­ten el corazón, insiste en él y, con la ben­dición de las horas, olvidarás el escarnio y la persecución, colocándote en el rum­bo cierto de la verdadera felicidad.
Frente al dolor de los propios erro­res cometidos, persevera con él en lo co­tidiano y, en poco tiempo, lograrás se­renidad y restauración.
En los momentos claros de la senda, trabaja y atesorarás más luz en el camino.
En los instantes oscuros, trabaja y disolverás cualquier sombra, descubriendo la senda que el Señor te dió para trillar.
Todo lo que el hombre posee de útil y bello, grande y sublime, se debe al trabajo, con el que se le engrandece la presencia en el mundo.
Haya, pues, lo que hubiere, se am­plíen los obstáculos, se agiganten los problemas, se intensifiquen las luchas o se agraven las pruebas, trabaja siempre en el bien de todos, porque, trabajando en la mies del Bien, puedes conservar la certeza de que Dios te sustentará.