
Delante de los obstáculos, nadie necesita fijarse en el lado oscuro que presenten.
Un náufrago, hambriento de estabilidad, al sabor de las alas, no se recordará de examinar el lodo en el fondo de las aguas, pera reflexionará sobre el mejor media de alcanzar la tierra firme.
Todo minuto de queja es minuto perdido, arruinando potencialidades preciosas para la solución de los problemas, sobre los cuales estemos echando lamentaciones.
Toda prueba, sea cual fuere, aparece en el camino, a fin de ampliamos la fuerza y perfeccionarnos la experiencia.
En síntesis, casi toda dificultad implica sufrimiento, y todo sufrimiento, notadamente aquél que no provocamos, redunda en renovación y auxilio para nosotros mismos, recordando la tiniebla nocturna, en cuyo ápice comienza la alborada nueva.
Sepamos afrontar los impedimentos de la vida, sin recelarlos. Cada uno de ellos es portador de mensaje determinado. Ese es un desafío a que acumules paciencia, aquél otro te impulsa a la sublimación de la capacidad de amar en el crisol de la prueba.
Aprendamos, sobre todo, a descifrar los enigmas de la existencia, en el taller del Bien Eterno.
Sirve y comprende.
Sirve y soporta.
Sirve y construye.
Sirve y beneficia.
Tus dificultades — tus bendiciones. En ellas y por ellas, encontrarás el estímulo necesario para que no te precipites en los despeñaderos del orgullo, y no te encarceles en las trampas del marasmo, prosiguiendo, paso a paso, grado a grado, en tu jornada de perfeccionamiento y ascensión.
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